martes, 15 de octubre de 2013

GRUPO; #2

UNIVERSIDAD TECNOLOGICA DE SANTIAGO 
“UTESA” 
Imagen



FACULTAD CIENCIAS DE LA SALUD ESCUELA DE MEDICINA 

MANUAL DE PRACTICA DE MICROBIOLOGIA 
TRABAJO 

REALIZADO POR: 
MAYRANI FERREIRA --------------2101871 
ALINA CRUZ----------------------------2101673
ABIGAIL YNDALECIO----------------2101673 
ALMINDA NUÑEZ----------------------2101650
RANSELL MARTE----------------------2111268
FRANCISCO ALMONTE--------------2101205
BRANDON GARCIA--------------------2101376
CARL-RODOLPHE ANDRE-----------3100057
GIANY GARCIA-------------------------1102011
MELISSA FRANCISCO----------------2101045

PRESENTADO A: 
DRA MIRTA VILLAR
GRUPO: 
04
SANTIAGO DE LOS CABALLEROS 



INTRODUCCION A LA INMUNOLOGIA

INTRODUCCION AL SISTEMA INMUNITARIO 
La inmunidad: es  el conjunto de mecanismos  de defensa de los animales frente a agentes extraños externos.  Se adquiere al nacer y se va desarrollando durante los primeros años de vida.  

La inmunología: es la ciencia biológica que estudia todos los mecanismos fisiológicos de defensa de la integridad biológica del organismo. Estos mecanismos identifican lo extraño y lo destruyen. 

Repuesta inmune: actuación integrada de un gran  número de mecanismos heterogéneos de defensa contra sustancia y agentes extraños. A la sustancia extraña se les denominas  ANTIGENOS  y son quienes desencadenan en el organismo  una serie de eventos celulares que provocan la producción de los mecanismos de defensa. 
Los mecanismos de repuesta  tienen un componente celular y otro molecular  

HISTORIA DE LA INMUNOLOGIA 

En la actualidad la inmunología es una ciencia autónoma y madura con sus orígenes ligados a la microbiología.  Su objetivo es  el estudio de las repuesta de defensa que han desarrollado los animales frente a la invasión por microorganismos o partículas extrañas. 
La misma ha presentado un prolongado periodo pre científico, de observaciones y aproximaciones meramente empíricas. Según narraciones ante epidemias se tomaba como medida de seguridad atender los enfermos aquellos que habían  padecido la enfermedad con la idea de que estos no volverían a ser contagiados. En cuanto a la viruela se observo que quienes la padecían en la niñez no la adquirían más adelante en su vida por tanto decidieron implementar la aplicación de la misma enfermedad indicando la inducción de esta por medio de una forma suave. Sin embargo no tuvo gran éxito ya que figuraba la posibilidad de otras enfermedades. 

El primer acercamiento a la inmunización con criterios racionales fue realizado por el médico ingles Edward Jenner  quien inoculo a un niño fluidos de postulas vacúnales, viendo luego que al inyectar pus  pústular  de la misma viruela no quedaba afectado de la enfermedad, este método podría erradicar la viruela. Jenner fue el primero en recercar la importancia de realizar estudios clínicos de seguimiento de los pacientes inmunizados,  consciente de la necesidad de contar con controles fiables. 

El primer abordaje plenamente científico de problemas  inmunológicos  se debió, a Louis Pasteur quien obtuvo la primera vacuna  a base de microorganismo atenuados  y quien dio carde de  naturaleza al termino vacuna en  honor del trabajo pionero de Jenner, esto fue para 1880, años después abordo la inmunización artificiar para otras enfermedades. Diferentes cosas le valieron a Pasteur reconocimiento universal y supuso el apoyo definitivo a su método de inmunización, que abría perspectivas  prometedoras de profilaxis ante muchas enfermedades.  

A finales del siglo XIX existían dos teorías opuestas sobre los fundamentos biológicos  de las repuestas inmune. Una que era la teoría de la fagocitosis por Ilya Iliach M  en 1883, la cual constituyó  el núcleo de la teoría de la inmunidad celular, de modo que la fagocitosis se consideraba como la base principal del sistema de defensa inmune del organismo;  y por otro lado la escuela alemana de Koch hacia hincapié en la importancia de los mecanismos humorales es decir la teoría de la inmunidad humoral.  Emil  Von B y Shibasaburo K  observaron  que el cuerpo produce (anti toxinas) es decir anticuerpos que tendía a neutralizar las toxinas de forma específica, y evidenciaron que el suero que contiene anti toxina protege a animales expuesto a una dosis letal de la toxina correspondiente. Erich en 1900 da su teoría de las cadenas en la que formulaba una explicación de la formación y especificidad de los anticuerpos, estableciendo una base química para la interacción de estos con los antígenos  
R.Kraus  visualiza por primera vez  en 1897, una reacción antígeno anticuerpo. Se creía que el suero posee distintas actividades humorales, cada una denominada de forma diferente  pero luego se supo que todas estas actividades se debían un único tipo de entidad que es el anticuerpo  

Las dos teorías celular y humoral iniciaron con los trabajos A.Wristh y S.Douglas quienes en 1904 descubrieron las opsoninas  anticuerpo presente en los sueros de animales inmunizados y que, tras unirse a la superficie bacteriana, incrementan la capacidad fagocitica de los leucocitos. En los años 50 se reconoce que los linfocitos son las células responsables de los dos componentes humoral y celular de la inmunidad



VISION GENERAL DEL SISTEMA INMUNITARIO. 

El sistema inmunitario consta de varias “líneas de defensa” principales: 
  • Inmunidad innata(=natural o inespecífica): es una línea de defensa que permite controlar a mayor parte de los agentes patógenos. 
  • Inmunidad adquirida(=adaptiva o especifica): suministra a una respuesta especifica frente a cada agente infeccioso. Esta posee memoria inmunológica especifica, que tienden a evitar que el agente infeccioso provoque enfermedad en una segunda infección. 
Barreras anatomicas y físicas (superficiales): la piel y membranas mucosas. 
La parte externa de la epidermis esta compuesta de varias capas de células muertas, las cuales están recubiertas de la proteína llamada queratina, la cual es resistente al agua. Dicha capa se renueva cada 15-30 dias. La dermis subyacente contiene tejido conectivo con vasos sanguíneos, glándulas sebáceas y sudoríparas y folículos pilosos. 
Existen zonas de la superficie del cuerpo no cubiertas por piel: 
Ojos, intestino, tracto respiratorio, tracto urinario, en estas zonas hay fluidos. 
Función del pH. 
Por ejemplo, en el estomago, el ph bajo (alrededor de ph 2) impide que lo atraviese la mayoría de microorganismos, excepto algunos patógenos. 
Ph ligeramente acido de la piel y de la vagina. 
Función de la temperatura. 
Existen muchas especies que no son susceptibles a ciertos microorganismos sencillamente porque su temperatura corporal inhibe el crecimiento de estos. Un ejemplo de estos son los pollos que presentan inmunidad innata al ántrax debido a que su temperatura es demasiada alta para que el patógeno pueda crecer. 
Sustancias antimicrobianas del organismo. 
  • La lisozima: aparece en muchas secreciones como (nasofaringe, lagrimas, sudor, sangre, pulmones etc…) 
  • Beta-lisina: producida por las plaquetas. 
  • Espermina producida en el semen. 

Protección de la microbiota normal. 
La microbiota normal del organismo evita la colonización del hospedador por microorganismos exógenos. 
  • En la piel: existen dos tipos principales de “hábitat”: 
  • La superficie de la piel propiamente dicha es un medio relativamente “hostil” ya que esta es seca y muy salada. 
  • Las glándulas sudoríparas y sebáceas. En estas ultimas durante la adolescencia se desarrola lo que es conocido como (acné). 
  • La boca: esta posee una población heterogenea de diversas bacterias, donde son importantes representantes orales del genero “streptococcus”. 
  • El intestino grueso: este posee una gran abundancia de flora microbiana, con una gran concentración de lo que es el orden de 10 bacterias/ml. 
Sistema de inmunidad innata, natural o inespecífica. 
Elementos del sistema de inmunidad natural. Si el microorganismo o partícula extraños logran atravesar la piel y los epitelios, se pone en marcha el sistema de inmunidad natural (inespecífica o innata), en el que participan los siguientes elementos: 
Células: 

  • Fagocitos (o sea, leucocitos del sistema retículo- endotelial, que se originan en la medula ósea): en sangre: los PMN neutrofilos (de vida corta) y los mono- citos; en los tejidos: los macrófagos que se diferencia a partir de los monolitos. Todos ellos fagocitan y destruyen los agentes infecciosos que logran atravesar la superficie epitelial. 

  • Células asesinas naturales (células NK): son leucocitos que se activan por interferones inducen en respuesta a virus. Reconocen y lisan células `` enfermas``, infectadas por virus o malignizadas (cancerosas). 

Factores solubles: 

  • Proteínas de fase aguda: aumenta su concentración rápidamente unas 100 veces ante una infección una de ellas (la proteína C- reactiva) se une a la proteína C de la superficie del neumococo favoreciendo que este sea recubierto por el sistema de proteínas del complemento (al que aludiré en seguida), lo cual a su vez facilita la fagocitosis por los fagotitos. 

  • Sistema del complemento: se trata de un conjunto de unas 20 proteínas del suero que interactúan entre si y con otros componentes de los sistemas inmunes innatos y adquiridos. 

Funcionamiento del sistema de inmunidad natural 
Endocitosis  
La endocitosis es la ingestión de material soluble (macromoléculas) del fluido extracelular por medio de invaginación de pequeñas vesículas endociticas. La endocitosis puede ocurrir de dos maneras distintas: 

  1. pinocitosis 
La internalizacion de las macromoléculas ocurre por invaginación inespecífica de la membrana plasmática. Debido a esa inespecificidad, la cuantía de la internalizacion depende de la concentración de las macromoléculas. 

  1. Endocitosis mediada por receptor 
Las macromoléculas son selectivamente internalizadas debido a su unión a un receptor específico de la membrana. 
En cualquiera de estos dos casos, tras la internalizacion, las vesículas endociticas  se fusionan entre si y después con los endosomas. En el caso de endocitosis, el contenido acido de los endosomas hace que se disocie la macromolécula de su receptor. El endosoma se fusiona con el lisosoma primario, para dar el lisosoma secundario. Los lisosomas primarios derivan del aparato de golgi y trasportan grandes cantidades de enzimas hidroliticas (proteasa, nucleasas, lipasas, etc.). Dentro de los lisosomas secundarios, las macromoléculas ingeridas son digeridas hasta productos hidrolizados (péptido, aminoácidos, nucleótidos y azucares), que finalmente son eliminados de la célula.  

Fagocitosis  
La fagocitosis es la unión del microorganismo (o, en general, un agente articulado, insoluble) a la superficie de una célula fagocítica especializada (PMN, macrófago), por algún mecanismo inespecífico, de tipo primitivo (ameboide): emisión de seudópodos y englobamiento, para crear un fagosoma (10-20 veces mayor que el endosoma) al que se unen lisosomas; a partir de aquí el proceso es similar al descrito anteriormente. La fusión de los gránulos de los fagotitos origina la destrucción del microbio en unos pocos minutos. 

La destrucción del microorganismo en los lisosomas secundarios de los fagotitos se produce por dos tipos de mecanismos: 

  • Mecanismos dependientes de oxigeno: se activa una ruta metabólica que consume grandes cantidades de oxigeno, lo que a su vez produce grande cantidades de radicales tóxicos antimicrobianos (como el O2, H2, H2O2). 
  • Mecanismos dependientes de oxido  nítrico (NO). 
  • Mecanismos independientes de oxigeno: liberación de enzimas hidroliticas: lisosoma, proteínas cationicas, proteasas, etc., que ejecutan un efecto bactericida o bacteriostático. 

Activación de complemento por la ruta alternativa: como ya dijimos, el complemento es un conjunto de 20 proteínas del plasma, que interactúan entre si y con otros complementos de los sistemas inmunitarios innato y adquirido, para mediar una serie de importantes respuestas inmunológicas. El complemento se activa por dos rutas diferentes: la ruta clásica, (que corresponde al sistema de inmunidad especifica, y que depende de interacciones antigeno anticuerpo), y la ruta alternativa (perteneciente al sistema natural). Ambas rutas consisten en un sistema de activación enzimático en cascada, que sigue la lógica de que el producto de una reacción es a su vez una enzima para la siguiente reacción, produciéndose una respuesta rápida y amplificada del estimulo inicial. 


En la ruta alternativa podemos distinguir dos grandes fases: la iniciación por el componente C3 y el ensamblaje del complejo de ataque a la membrana (CAM). 
Funciones biologicas del complemento activado por la ruta alternativa: 
  1. Como acabamos de ver, una primera escuela(aunque no siempre ocurre en todos los microorganismos) es la lisis celular por el CAM. El recubrimiento del microorganismo por numerosas unidades de C3b es un ejemplo de opsonizacion: facilita la union de los fagocitos al agente extraño, para su inmediata fagocitosis. 
  2. Estimulan la tasa respiratoria de los PMN neutrofilos, lo supone una activacion de sus mecanismos destructivos dependientes de oxigeno. 
  1. Histamina: provoca vasodilatacion y aumento de la permeabilidad de los capilares sanguineos. 
  2. Heparina: efecto anticoagulante 
  3. Factores quimiotacticos: que atraen a PMN neutrofilos y eosinofilos. 
REACCION DE INFLAMACION AGUDA 

INFLAMACION: reaccionante la entrada de un microorganismo a un tejido con síntomas como; Dolor, Enrojecimiento, Hinchazón, Sensación de  calor con un edema debido a la acumulación de líquido rico en leucocitos. 
La vasodilatación y el incremento en la permeabilidad capilar facilitan la entrada al tejido dañado de las enzimas del sistema de coagulación sanguínea. 
Después de ocurrida la inflamación aguda, y eliminado el microorganismo por fagocitosis, tiene lugar la reparación del tejido dañado y la regeneración con un tejido nuevo. La cicatriz es el resultado de la acumulación de nuevos capilares y de fibroblastos.  
Otros mecanismos de la inmunidad inespecífica:  
MECANISMOS HUMORALES: es el principal mecanismo de defensa contra los microorganismos extracelulares y sus toxinas, en el cual, los componentes del sistema inmunitario que atacan a los antígenos, no son las células directamente sino los anticuerpos secretados por activación antigénica. 
MECANISMOS CELULARES: depende de células que destruyen desde afuera (NO POR FAGOCITOSIS), como células NK que son linfocitos grandes. 
Los anticuerpos actúan como una barrera defensiva adicional  cuando existen microbios que se escapan de los fagocitos, por ende se denominan ADAPTADORES FLEXIBLES porque se unen a los fagocitos y al microorganismo para poder enfrentarlos. 
Estos anticuerpos son los mediadores de la inmunidad específica humoral. Son producidos por las células plasmáticas, diferenciadas a partir de los linfocitos B.  
Los antígenos son moléculas del microorganismo o partícula extraña que evocan y reaccionan con los anticuerpos, Los antígenos son los que seleccionan el anticuerpo específico que les hará frente. Estos están preformados antes de entrar en contacto con el antígeno, entonces tras su primer contacto con el antígeno cada linfocito B se multiplica y diferencia hasta dar un clon de células plasmáticas, que fabrican y excretan grandes cantidades de anticuerpos específicos, proceso llamado SELECCIÓN Y EXPANSION CLONAL. 
La unión entre el antígeno y el anticuerpo específico provoca: 
  • La activación del complemento por la ruta clásica. 
  • Opsonización (recubrimiento de fagocitos con complejos AG-AC) 
  • Neutralización. 

  • La respuesta de formación de anticuerpo provocada tras el primer contacto de cada antígeno con el linfocito se llama RESPUESTA PRIMARIA que le confiere al individuo una memoria inmunológica, de forma que en cuerpo se prepara para una segunda infección por el mismo agente. 
La memoria inmunológica es específica para cada antígeno. Su basa es que cada anticuerpo reconoce un solo antígeno. 
La inmunidad celular es la otra rama de la inmunidad específica. 
LINFOCITOS T: son los responsables de coordinar la respuesta inmune celular constituyendo el 70% del total de los linfocitos que segregan proteínas o citoquinas 
Existen dos tipos de linfocitos T: 
  • Linfocitos T citotóxicos o matadores (Tc) 
  • Linfocitos T colaboradores o coadyuvantes (Th) 
Los citotoxicos son los principales efectores de la inmunidad específica celular, destruyen células del propio organismo infectadas por virus. 
Los colaboradores no tiene actividad matadora, sino que ocupan un papel central en el sistema inmune, activando otras células: macrófagos, linfocitos Tc y B. 
Los linfocitos Th  juegan un papel importante en la activación y expansión clonal de los linfocitos B para producir anticuerpos, y de los linfocitos T citotoxicos. 
El sistema de inmunidad adaptativa o específica  
Algu     Los  microorganismos no desencadenan activación del complemento por la ruta alternativa, y no pueden ser lisados porque no llegan a quedar opsonizados por la proteína C3b. Incluso existen microbios que escapan al control de los fagocitos. Para poder enfrentarse con estos "invasores", la evolución ha desarrollado en los vertebrados, y principalmente en los mamíferos, una barrera defensiva adicional, aún más sofisticada, consistente en un tipo de moléculas que funcionan como "adaptadores flexibles", que por un lado se unen a los fagocitos, y por el otro se unen al microorganismo, no importa de qué tipo se trate. Este tipo de adaptadores son los anticuerpos. 
En la inmunidad específica se dan dos tipos de respuesta: 
inmunidad específica humoral  
inmunidad específica celular. A continuación se expone un breve resumen de ambas respuestas, que nos servirá para "abrir boca" de cara al estudio con más detalle que emprenderemos más tarde. 
Los anticuerpos son los mediadores de la inmunidad específica humoral. 
La unión entre el antígeno (Ag) y el anticuerpo

neutralización directa de ciertas toxinas y virus por la simple unión Ag-Ac. Obsérvese que los dos primeros efectos son formas que tiene el sistema específico de "aprovechar" elementos del sistema de inmunidad innata, mediante los cuales determinados elementos de este sistema inespecífico son "encarrilados" mediante los anticuerpos (que son específicos) hacia el foco de la infección de un determinado microorganismo, para su eliminación. 

Los Ac están producidos por las células plasmáticas, diferenciadas a partir de los linfocitos B. 
Los Ag son las moléculas del microorganismo o partícula extaña que evocan y reaccionan con los Ac. Son los Ag los que seleccionan el Ac específico que les hará frente. Sin embargo, cada tipo de Ac está preformado antes de entrar en contacto por primera vez con el Ag. Cada linfocito B que se diferencia en la médula ósea está programado genéticamente para sintetizar un solo tipo de Ac, a la espera de contactar con el Ag específico. 
Tras su primer contacto con el Ag específico, cada linfocito B se multiplica y diferencia hasta dar un clon de células plasmáticas, que fabrican y excretan grandes cantidades del Ac específico para el que estaba programado el linfocito original. A este fenómeno se le conoce con el nombre de selección y expansión clonal. En cada individuo existen cientos de miles, o millones de tipos de linfocitos B, cada uno preparado para originar un clon productor del correspondiente Ac. 
La respuesta de formación de Ac provocada tras el primer contacto de cada Ag con el linfocito B se llama respuesta primaria. Este primer contacto confiere al individuo una memoria inmunológica, de forma que el cuerpo se encuentra preparado para afrontar la eventualidad de una segunda infección por el mismo agente. En la respuesta secundaria la formación de Ac es más rápida y más intensa. Ello se debe a que a partir del linfocito primario que tuvo el primer contacto, aparte del clon de células plasmáticas (responsable de la respuesta primaria), se generó en paralelo otro clon de células B de memoria: cuando el Ag entre por segunda vez, hay en el cuerpo m<s células preparadas que las que encontró en la primera ocasión. Además, estos linfocitos cebados de memoria necesitan menos divisiones celulares antes de poder diferenciarse a su vez en células plasmáticas productoras de Ac. 
La memoria inmunológica es específica para cada antígeno. Su base es que cada anticuerpo reconoce un solo antígeno (aún más: como veremos, reconocen porciones concretas de cada antígeno, denominadas epitopos). 


La inmunidad humoral, por si misma, seria de poca utilidad frente a patógenos intracelulares, bien sea los estrictos(virus) o facultativos. Para ello ha evolucionado un sistema de inmunidad celular, que esta mediatizado por linfocitos T, parecidos citológicamente a las B, pero que se diferencian en el timo. Los linfocitos T reconocen al Ag extraño siempre que este situado sobre la superficie de células del propio organismo hospedador. 
La moléculas marcadoras de superficie pertenecen al llamado principal de histocompatibilidad. Los Linfocitos T, al igual que los B, se seleccionan y se activan combinándose con el antígeno, lo que provoca su Expansion clonal  
Funcionalmente, existen dos tipos de linfocitos T: 

Los linfocitos T citotóxicos son los principales efectores de la inmunidad específica celular: destruyen células del propio organismo infectadas por virus. En el cuerpo existe multitud de clones distintos de TC, cada uno de los cuales posee en su superficie receptores distintos de los Ac, aunque con porciones parecidas a las de los Ac. 
Los linfocitos T colaboradores no tienen actividad matadora, sino que ocupan un papel central en el sistema inmune, activando a otras células: macrófagos, linfocitos TC y B. 
Se unen a una combinación de {Ag + MHC de clase II} presente en la superficie de macrófagos que tengan en su interior algún parásito que ha logrado sobrevivir intracelularmente. (En estos casos, el macrófago, aunque no ha logrado vencer por sí mismo al parásito, ha logrado al menos procesar y enviar a la superficie antígenos del invasor). Al unirse al macrófago de esta manera, se induce en el TH la producción de IFN-gamma y de linfocinas, que activan las funciones del macrófago, provocando la muerte intracelular del parásito. De nuevo nos encontramos con otro ejemplo de conexión entre el sistema de inmunidad natural y el adquirido. (El sistema de inmunidad adquirida, que es muy específico, y que supone un logro evolutivo "reciente" -apareció en los vertebrados- aprovecha lo que ya sabía hacer el más primitivo sistema de inmunidad natural, mejorándolo y confiriéndole especificidad de modo indirecto; esto es un buen ejemplo de que la evolución no suele desechar logros antiguos, sino que los reutiliza y modifica para integrarlos en sistemas cada vez más complejos y perfectos). 
Los linfocitos TH juegan un papel importante en la activación y expansión clonal de los linfocitos B para producir anticuerpos, y de los linfocitos T citotóxicos. 
Como se ve, la inmunidad innata y la adquirida no se dan independientes una de la otra, sino que interactúan estrechamente entre sí en toda respuesta inmune. Como ha quedado indicado, los macrófagos y otras células del sistema innato de inmunidad intervienen en la activación de la respuesta inmune específica (adquirida); por otro lado, varios factores solubles del sistema de inmunidad adquirida (citoquinas, componentes del complemento) potencian la actividad de las células fagocíticas del sistema innato. 
La hematopoyesis consiste en la formación y desarrollo de células sanguíneas a partir de la célula madre pluripotencial (stem cell).

Durante las primeras semanas embrionarias se encuentran células madres en el saco vitelino, las cuales van diferenciándose en células eritroides, provistas de hemoglobina embrionaria.

Desde el tercer mes hasta el séptimo de embarazo, las células madre migran, primero al hígado fetal, y después al bazo fetal, donde sigue la heamtopoyesis.

Desde el séptimo mes, va disminuyendo la hematopoyesis en el hígado y bazo, hasta que desaparece para la época del nacimiento, y va adquiriendo preeminencia el papel de la médula ósea.

Todas las células sanguíneas proceden de la citada célula madre pluripotencial. En la médula ósea sólo hay una de tales células por cada 10.000 totales. Son células capaces de autorregeneración, de modo que durante la vida adulta se mantienen homeostáticamente. En circunstancias de alta demanda de células sanguíneas aumenta la capacidad proliferativa de la célula madre.


 Factores hematopoyéticos de crecimiento

Las células hematopoyéticas requieren factores de crecimiento se requieren para:

supervivencia

multiplicación

diferenciación

maduración

Hay varios tipos de factores:

  1. Factores estimuladores de formación de colonias (CSF), pertenecientes a la familia de las glucoproteínas ácidas. Ejemplos: multi-CSF (también llamado IL3, es un factor multilinaje; GM-CSF (estimulador de la línea granulocito-macrófago); M-CSF (de la línea que conduce al monocito-macrófago); G-CSF (de la línea que desemboca en los granulocitos).
  2. Eritropoyetina (EPO), que se produce en el riñón, y que estimula la línea que, vía progenitor eritroide conduce a los eritrocitos.
  3. Otros factores: principalmente las interleuquinas IL-4 a IL-9, segregadas por células estromales, macrófagos activados, etc.

  Regulación de la hematopoyesis


La hematopoyesis se mantiene durante toda la vida del individuo, de modo que el número de células nuevas equilibra al de células que se pierden o mueren.

Cada tipo celular tiene una vida media más o menos característica:
los eritrocitos viven unos 120 días, al cabo de los cuales son fagocitados por los macrófagos del bazo
los neutrófilos duran unos pocos días
algunos linfocitos T duran más de 30 años.
El cuerpo humano produce unos 400 000 millones de células de la línea hematopoyética cada día.
La hematopoyesis está regulada de forma muy fina, de modo que cada tipo celular tiene un control diferente, pero además, esta regulación es lo suficientemente flexible para permitir incrementos de 10 o 20 veces ante una infección o una hemorragia.

La regulación de fase estacionaria (en ausencia de infección o de hemorragia) se logra por la producción controlada de citoquinas por parte de las células estromales de la médula ósea.
Ante una infección o hemorragia se produce una hematopoyesis inducible (incrementada), por la acción de citoquinas segregadas por macrófagos y linfocitos TH: se incrementa la cantidad de células específicas de la médula ósea, que al madurar tenderán a migrar al foco de infección o lesión.

  Muerte celular programada


Como ya dijimos, en cada linaje hematopoyético existe un equilibrio entre la producción de células nuevas y la destrucción de células adultas. Esta destrucción ocurre por la llamada muerte celular programada o apoptosis:

la célula disminuye de tamaño (se encoge);

se modifica su citoesqueleto, lo cual se refleja en que la membrana celular se arruga;

la cromatina se condensa en varias zonas del núcleo (fenómeno de picnosis);

el ADN se fragmenta en múltiplos de unos 200 pb, el equivalente al que existe en cada nucleosoma, debido a la acción de nucleasas, que cortan por la región internuclesómica (ello se ve bien por el patrón "en escalera" del ADN sometido a electroforesis en gel de agarosa);

los núcleos se fragmentan.

Al final, la célula se descompone en varios trozos, los llamados cuerpos apoptósicos, que rodeados de membrana, pueden contener orgánulos intactos.

Los fagocitos profesionales (macrófagos y leucocitos polimorfonucleares) finalmente fagocitan y degradan los cuerpos apoptósicos: de esta forma se logra que el contenido de las células viejas no se libere al exterior, con lo que se evita la respuesta inflamatoria.

Este mecanismo de muerte celular programada se opone al fenómeno de la necrosis (por ejemplo, la que se genera por algún daño tisular). En la necrosis las células se hinchan y terminan estallando, liberando sus contenidos al exterior, lo cual produce efectos citotóxicos en otras células, desarrollándose una inflamación junto con destrucción de tejido.

¿Qué hace que una célula moribunda o un cuerpo apoptósico sea reconocido por los fagocitos para su ingestión y destrucción intracelular? Al parecer, existe una serie de cambios en su superficie que permiten ese reconocimiento:

la célula pierde ácido siálico, de modo que quedan expuestos los azúcares de la membrana, los cuales son reconocidos por lectinas de los fagocitos;

los fagocitos liberan la trombospondina, que sirve de puente entre el fagocito y la célula moribunda (tiene un sitio de unión que reconoce un receptor de la célula apoptósica, y otro sitio que se engarza con integrinas del fagocito);

se exponen al exterior cadenas de fosfatidil-serina de la célula a eliminar, que son reconocidos por un receptor de los fagocitos.

La apoptosis posee un claro sentido evolutivo y adaptativo:

evita daños inflamatorios de la necrosis;

el suicidio ("altruismo citológico") de las células es beneficioso para el individuo. Esto es especialmente cierto para los linfocitos, que tienen per se una gran capacidad proliferativa, y que están casi en el límite de su "potencial cancerígeno".

Al menos en algunos casos, la apoptosis es una muerte celular programada genéticamente, que forma parte del repertorio de respuestas adaptativas de la célula ante ciertos estímulos o ante la ausencia de otros. Existen dos clases principales de genes implicados:

myc, p53: inductores de la apoptosis en ausencia de ciertas señales de supervivencia;

bcl2 y otros: inhibidores de apoptosis en presencia de ciertas señales de "rescate"


  MARCADORES DE SUPERFICIE DE LEUCOCITOS


Los linfocitos y otros leucocitos, así como sus precursores hematopoyéticos, presentan patrones característicos de moléculas de superficie, que pueden ser aprovechadas como marcadores para distinguir y caracterizar distintas poblaciones celulares.

Esta caracterización se realiza mediante anticuerpos monoclonales (AcMo); cada anticuerpo monoclonal distingue un solo tipo de molécula, e incluso partes específicas y variantes de cada tipo de molécula. Durante varios años, cada grupo de investigación bautizaba a las moléculas según su propia nomenclatura, lo que creó un auténtico galimatías de denominaciones sinónimas de las mismas moléculas. Afortunadamente, en 1982 se celebró un "Taller de antígenos de diferenciación de leucocitos humanos" que llegó a una nomenclatura unificada así como a normas para la aceptación y denominación de nuevos marcadores. Dicha nomenclatura se basa en los llamados grupos de diferenciación (CD, "cluster of differentiation"): consisten en todos los AcMo que reconocen una determinada molécula de membrana leucocitaria. En la práctica, se concede la denominación de "CDx" (siendo "x" un guarismo árabe determinado) a cada molécula de superficie caracterizada por ese conjunto de anticuerpos monoclonales.
Podemos considerar varias clases de marcadores:

de linaje (p. ej., el CD3 sólo existe en el linaje que conduce a los linfocitos T);

de maduración (ej.: el CD1 sólo aparece en las fases madurativas de células T en el timo);

de activación (p. ej., el CD25 es el receptor de la citoquina IL-2, y sólo se expresa en aquellas células T estimuladas previamente por el antígeno).

Como veremos oportunamente, a pesar de la gran diversidad de CDs, muchas de ellas presentan homologías mutuas, pudiéndose agrupar en familias e incluso superfamilias que comparten un origen evolutivo común, por medio de los mecanismos de duplicación de algún gen ancestral, con ulterior divergencia de secuencias de cada copia.

A título ilustrativo, veamos algunas familias de marcadores:
Superfamilia de las inmunoglobulinas , donde se incluyen CD2, CD3, CD4, CD8.
Familia de las integrinas: cada miembro de esta familia consta de dos cadenas, a y b . Se distinguen distintas subfamilias, dependiendo del tipo de cadena ß.
Selectinas (que tienen especificidad de lectinas).

Proteoglucanos (como el CD44), que se unen a componentes de la matriz extracelular.


  CÉLULAS LINFOIDES

Los linfocitos T y B son los responsables de la respuesta inmune específica.

Se producen en los órganos linfoides primarios a razón de 1000 millones al día, y de allí migran a órganos linfoides secundarios y a espacios tisulares.
En el adulto existe un billón de linfocitos, equivalentes a un 2% del peso corporal.
Suponen del 20 al 40% de los leucocitos totales.
Existen tres poblaciones de linfocitos funcionalmente distintas, caracterizada cada una por un juego de marcadores, pero son difíciles de reconocer morfológicamente entre sí:

  1. células T
  2. células B
  3. células NK

Los linfocitos T y B vírgenes (no cebados) son pequeños (unas 6 m m de diámetro), con poco citoplasma, que forma un estrecho anillo alrededor del núcleo. Poseen cromosomas condensados, con abundante heterocromatina; albergan pocas mitocondrias, y apenas nada de retículo endoplásmico   ni de complejo de Golgi.

En sí mismos, en ausencia del Ag específico, tienen vida corta (de unos días a unas pocas semanas), y fácilmente sufren muerte celular programada.

En cambio, si entran en contacto con el Ag a partir de sus receptores específicos, sales de la fase G0 y entran en el ciclo celular (G0 à G1 -à S à G2 à M). En la fase G2 corresponden a linfoblastos: aumentan su tamaño (15 m m), aumenta algo la eucromatina, aparece un nucleolo patente y aumenta la proporción del citoplasma, donde se puede observar un A. de D. bien desarrollado. Estos linfoblastos proliferan y finalmente se diferencian en dos subpoblaciones:

  1. células efectoras, de vida corta, con REr bien desarrollado en capas concéntricas, y vesículas de A. de G.
  2. células de memoria, que están en G0, con vida larga (algunas duran toda la vida del individuo).

  Linfocitos B


En los mamíferos, los linfocitos B se diferencian en la médula ósea, mientras que en las aves lo hacen en la bursa o bolsa de Fabricio.
Constituyen del 5 al 15% de los linfocitos circulantes.
Reconocen al antígeno en forma soluble, por medio de sus inmunoglobulinas de membrana (mIg), que forman parte del complejo receptor de las células B (BCR). En cada linfocito hay unas 150.000 moléculas de mIg (de las clases M y D), que han sido sintetizadas por él. Todas estas moléculas poseen la misma especificidad antigénica. Acompañando a cada mIg, unidas no covalentemente con ésta, existen dos tipos de cadenas acompañantes, llamadas Iga e Igb , que son invariantes.
Otros marcadores de superficie:
MHC II
receptores para el complemento: CD35 (=CR1) y CD21 (=CR2)
receptor para IgG exógena: CD32 (=FcgRII), que juega un papel en las señales negativas para el linfocito B

En ausencia de estímulo antigénico, estos linfocitos B maduros vírgenes mueren por apoptosis al cabo de unos pocos días. Si, en cambio, se une por su BCR al Ag complementario específico (y con la ayuda de señales de macrófagos y células T), se pone en marcha la selección y proliferación clonal, que termina (al cabo de 4-5 días) con la diferenciación de dos subpoblaciones: una de células plasmáticas secretoras de Ac, y otra de células B de memoria (cebadas).

Las células plasmáticas poseen las siguientes características:
carecen de Ig de membrana.
Son mayores y con más proporción de citoplasma que las B de las que proceden.
Su RE está muy desarrollado. Esto explica la gran cantidad de Ac secretados que producen; esos anticuerpos poseen la misma especificidad antigénica que la de las mIg de la célula B original.
No circulan por la sangre ni por los vasos linfáticos, sino que se localizan en los órganos linfoides secundarios y los lugares de la respuesta inmunológica.
Viven unos pocos días; al ser células en fase de diferenciación terminal, carecen de capacidad mitótica, y mueren por apoptosis.

Los linfocitos B cebados de memoria, en cambio, pueden vivir en reposo durante largos períodos (más de 20 o 30 años). Cuando se exponen al Ag específico, dan una respuesta inmunitaria más rápida, más intensa, y con mayor afinidad. Su aspecto es similar al de los linfocitos B vírgenes.

  Linfocitos T

Durante la infancia, se diferencian en el timo, pero al llegar la adolescencia, el timo regresiona, y entonces la diferenciación ocurre sobre todo en la piel y mucosa intestinal.
Poseen un receptor de membrana (TCR) asociado no covalentemente al llamado complejo CD3, lo que conjuntamente se denomina complejo receptor de las células T.
Aunque el TCR es diferente estructuralmente a las Ig, posee zonas homólogas. Una diferencia importante del modo de reconocimiento antigénico del TCR respecto del BCR es que aquél sólo interacciona con el Ag dispuesto en la superficie de células del propio organismo (de hecho, el antígeno procede de procesamiento proteolítico, y le es "enseñado" al linfocito T asociado a moléculas de MHC).
Existen dos tipos de TCR, que definen dos poblaciones diferentes de linfocitos T:
TCR2
TCR1
La mayoría (85%) de las células T poseen el TCR2, y a su vez se pueden dividir en dos tipos:

Las TCR2 CD4+ funcionan como células cooperadoras (TH): reconocen el Ag expuesto por el MHC-II propio de células presentadoras de Ag (APC), y al hacerlo, se activan y expanden clonalmente, secretando citoquinas que juegan un papel clave en la activación de otras células (B, T, etc.). A microscopio, la mayoría muestran el llamado corpúsculo de Gall (un grupo de lisosomas primario junto con gotitas de lípidos).
Las TCR2 CD8+ generalmente funcionan como células T citotóxicas o matadoras (Tc). Un 65% de ellas poseen cuerpo de Gall. Reconocen el Ag expuesto en moléculas MHC-I de células propias infectadas con virus o cancerosas, lo cual, junto con las señales adecuadas de citoquinas, provoca la activación y proliferación clonal, con diferenciación a linfocitos T citolíticos (CTL), que matan extracelularmente a las células propias enfermas.

Por supuesto, en cada uno de estos casos de activación, proliferación y diferenciación, se genera paralelamente una subpoblación de linfocitos de memoria.
Durante mucho tiempo se habló de una tercera categoría de linfocitos T, los llamados supresores (Ts), pero su existencia como población diferenciada parece estar descartada.
Los linfocitos TCR1 se descubrieron hace poco. Suponen sólo el 15% de los T totales, pero no son circulantes, sino que se localizan en ciertos epitelios (por ejemplo, los linfocitos intraepiteliales del intestino). Parece que están especializados en reconocer ciertos patógenos (por ejemplo, micobacterias), que tienden a entrar por las mucosas.

Células agresoras naturales (NK)

A diferencia de otros linfocitos, carecen de especificidad y de memoria, por lo que forman parte del sistema de inmunidad natural o inespecífico.
Representan el 15-20% de los linfocitos sanguíneos.
Sus marcadores distintivos son CD16 y CD57, pero carecen de marcadores de los linfocitos del sistema específico.
Su maduración es extratímica.
La mayoría (no todos) son linfocitos granulares grandes (LGL), con mayor proporción de citoplasma que los linfocitos T o B.
Poseen mitocondrias y ribosomas libres, pero poco REr. Exhiben gran A. de G. Lo que más destaca a microscopio es la existencia de unos gránulos azurófilos densos a los electrones, delimitados por membrana.
Poseen dos tipos de funciones:
acción citotóxica
acción reguladora del sistema inmune a través de las citoquinas que producen.

Como células citotóxicas, su papel fisiológico se está empezando a comprender sólo recientemente: existen buenos indicios de que eliminan por inducción de apoptosis a células propias infectadas con virus o células tumorales. Ello lo realizan porque reconocen células propias enfermas en base a que éstas poseen menos moléculas MHC-I. También pueden desarrollar citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos (ADCC).

CÉLULAS MIELOIDES


Las células mieloides son:
Fagocitos: leucocitos polimorfonucleares neutrófilos (PMN) y monocitos, que a su vez se diferencian a macrófagos.
Células dendríticas.
Eosinófilos
Basófilos
Mastocitos

  Los fagocitos

Los granulocitos neutrófilos y los monocitos/macrófagos poseen un origen común. Su antecesor ontogenético es la célula pruripotencial mielo-monocítica (CFU-GM), que se diferencia en dos líneas.

Polimorfonucleares neutrófilos

Constituyen más del 90% de los granulocitos (polimorfonucleares)
Son de vida corta (2-3 días), y se producen en la médula ósea a razón de unos cien mil millones al día.
Son circulantes, salvo cuando son reclutados a tejidos en inflamación.
Su núcleo es multilobulado (de 2 a 5 lóbulos).
Posee gránulos citoplásmicos de dos tipos: los azurófilos (primarios) y los específicos (secundarios).
Tras salir de la médula ósea, circulan por la sangre durante 7-10 horas, y luego pasan a tejidos, donde mueren a los 2-3 días.
Cuando hay infección, la médula ósea produce más cantidad de neutrófilos (la leucocitosis de neutrófilos es un indicio clínico de infección).
Son los primeros fagocitos en llegar a la zona de infección, atraídos por quimiotaxis debida a sustancias liberadas en el foco de la infección.
Al llegar al foco, actúan como fagocitos: ingieren la partícula extraña, incluyéndola en un fagosoma, al que fusionan sus gránulos:
Gránulos azurófilos (primarios): son mayores y más densos, con típica morfología de lisosoma. Contienen mieloperoxidasa y agentes antimicrobianos no oxidantes (defensinas, catepsina G y algo de lisozima).
Gránulos específicos (secundarios): son más pequeños y menos densos a los electrones; contienen la mayor parte de la lisozima de la célula, así como lactoferrina y fosfatasa alcalina.

Ambos tipos de gránulos se fusionan con el fagosoma, para digerir y eliminar la partícula extraña, con mecanismos dependientes de oxígeno más potentes que los del macrófago.
Estas células constituyen una buena barrera defensiva frente a bacterias piogénicas.

 Fagocitos mononucleares

El sistema fagocítico mononuclear (SFM) está constituido por los monocitos circulantes y los macrófagos tisulares. Los promonocitos de la médula ósea, al madurar salen de ella, diferenciándose en monocitos circulantes, que al cabo de unas 8 horas emigran a distintos tejidos, donde se convierten en macrófagos.

1) Monocitos

Son células de unos 10-18 m m de diámetro, con núcleo en forma de herradura o de pera.
Su membrana, vista al microscopio electrónico, aparece con finas rugosidades.
Su citoplasma posee gránulos azurófilos, que al microscopio electrónico son densos y homogéneos. Dichos gránulos son lisosomas que contienen peroxidasa e hidrolasas ácidas importantes para el mecanismo de muerte intracelular de microorganismos.
El aparato de Golgi está bien desarrollado, y se observan mitocondrias.

2) Macrófagos

Como ya dijimos, al cabo de unas 8 horas de su salida de la médula, los monocitos migran a tejidos y se diferencian a macrófagos. Los macrófagos pueden ser residentes (fijos en tejidos) o libres.
residentes: cumplen misiones concretas en cada uno de los tejidos, pudiendo recibir, en su caso, denominaciones peculiares. Por ejemplo:
células de Kupffer, en las paredes vasculares de los sinusoides hepáticos
células mesangiales de los glomérulos renales
macrófagos alveolares de los pulmones
macrófagos de las serosas (p. ej., de la cavidad peritoneal)
células de la microglía del cerebro
osteoclastos de los huesos
histiocitos del tejido conjuntivo
libres: están estratégicamente situados para atrapar material extraño en órganos linfoides secundarios:
macrófagos de los sinusoides esplénicos (en el bazo)
macrófagos de los senos medulares (en los ganglios linfáticos)
Características principales:
Los macrófagos son células de vida más larga que los neutrófilos (meses e incluso años).
Poseen un núcleo en herradura.
En su citoplasma se ve un abundante retículo endoplásmico rugoso y gran número de mitocondrias.
Están especialmente adaptados a luchar contra virus, bacterias y protozoos intracelulares.
Los fagocitos mononucleares constituyen el mejor ejemplo de células que, siendo en principio del S.I. natural, en el curso de la evolución se han adaptado a jugar papeles centrales en el S.I. adaptativo:
A) En la respuesta inmune natural: los fagocitos presentan dos tipos de actividades:
como tales fagocitos
como productores de citoquinas

1) Actividad fagocítica:
Los fagocitos engullen (fagocitan) partículas extrañas (microorganismos y macromoléculas extrañas), células propias lesionadas o muertas y restos celulares.
El fagocito se ve atraído por quimiotaxis, se adhiere por receptores al microorganismo o partícula extraña, con lo que se activa la membrana del fagocito, emitiendo pseudópodos (basados en el sistema contráctil de actina-miosina), que finalmente se fusionan, cerrándose y creándose una vesícula membranosa que engloba al antígeno, denominada fagosoma.
La destrucción intracelular de la partícula extraña comienza con la entrada del fagosoma en la ruta endocítica: el fagosoma se fusiona con los gránulos, para formar el fagolisosoma.
El contenido vertido de los gránulos, junto con otras actividades del macrófago, supone una batería de mecanismos microbicidas y microbiostáticos, además de enzimas hidrolíticas que digieren las macromoléculas. El material de desecho se elimina por exocitosis.

Este sería el mecanismo fagocítico básico (muy similar al ya existente en protozoos amebianos), pero dicho mecanismo primitivo se ve mejorado (unas 4.000 veces) por medio de otros componentes del sistema inmune: se trata de un conjunto de moléculas, denominadas opsoninas, que recubren al microorganismo, y que sirven de vínculo de unión entre la partícula invasora y el fagocito. Como ejemplo de opsoninas se cuentan la IgG (para la que el fagocito posee el receptor Fcg R) y el componente C3b del complemento (para el que el fagocito dispone del receptor CR1).

Las actividades antimicrobianas serán estudiadas en detalle en un capítulo posterior (veáse 13.2). Aquí sólo daremos una clasificación de las mismas:
  1. mecanismos dependientes de oxígeno:
    1. intermediarios reactivos de oxígeno (ROI)
    2. intermediarios reactivos de nitrógeno (RNI)
  2. mecanismos independientes de oxígeno: proteínas antimicrobianas preformadas:
    1. péptidos catiónicos como las defensinas
    2. catepsina G (proteinasa neutra)
    3. lisozima
    4. lactoferrina (secuestra Fe y altera las proteínas de FeS
2) Producción de citoquinas: Los macrófagos producen citoquinas que atraen a otras células, sobre todo a PMN neutrófilos. Como veremos, dichas citoquinas son las responsables de muchos de los efectos sistémicos de la inflamación (p. ej., la fiebre). También producen factores para fibroblastos y células endoteliales, que promueven la reparación de los tejidos dañados.
B) Papel de los fagocitos como células accesorias en las respuestas inmunes específicas
  1. Como células presentadoras de antígeno (APC): Como dijimos, no todo el Ag se degrada totalmente en la ruta endocítica. Como veremos oportunamente, quedan péptidos de unos 10 aminoácidos de longitud, que se asocian dentro del endosoma con moléculas MHC de tipo II. Los complejos {MHC-II + péptido} de la vesícula emigran a la membrana citoplásmica, con lo que quedan expuestos en la superficie del macrófago, listos para ser reconocidos por los linfocitos TH específicos, para su activación.
  2. Los macrófagos son activados por los linfocitos THLos linfocitos TH activados tras su contacto con las células presentadoras secretan a su vez citoquinas que activan a los macrófagos, con lo que éstos mejoran sus capacidades fagocíticas y destructivas. De esta forma, los macrófagos activados por citoquinas sirven como células efectoras de la inmunidad celular.
  3. Los macrófagos activados son a menudo los efectores finales de las respuestas humoralesConforme avanza la respuesta inmune, se produce IgG y se activa el complemento, los cuales sirven como opsoninas que ayudan al macrófago a sus funciones fagocíticas y citotóxicas (mejoras en un factor de 4.000). Por ello, el macrófago es frecuentemente en encargado final de eliminar al microorganismo en la rama humoral de la inmunidad.
En resumen, el macrófago cumple un papel central en el sistema inmune, participando tanto en la fase de reconocimiento como en la de presentación del Ag y en la efectora.

Células dendríticas

Son células con morfologías características: del cuerpo celular salen unas prolongaciones alargadas, lo que le da aspecto parecidos a los de las células dendríticas nerviosas. Existen dos tipos de células dendríticas, con funciones y propiedades diferentes, aunque ninguna presenta una actividad fagocítica importante.

  Células dendríticas interdigitantes

Aparentemente derivan de precursores mieloides de la médula ósea, quizá como un rama "hermana" de las células del SFM.

Están presentes en los intersticios de la mayor parte de los órganos (corazón, pulmón, hígado, riñón, tracto gastrointestinal).
El prototipo es la célula de Langerhans de la piel, muy rica en MHC-II. Cuando entran en contacto con un Ag, migran como células "a vela" por los vasos linfáticos aferentes hasta llegar a la paracorteza de los ganglios linfáticos regionales, donde se convierten en células dendríticas interdigitantes. Allí presentan el Ag a los linfocitos TH, para que se inicie la respuesta inmune. Parece ser que las células de Langerhans son también las precursoras de las células dendríticas interdigitantes de los órganos citados anteriormente, y de las de las áreas ricas en células T del bazo y del timo.
Estas células dendríticas son las más potentes inductoras de respuestas inmunes restringidas por MHC-II.

Además, son mejores que otras células presentadoras en la misión de presentar autoepitopos procesados a las células T restringidas por MHC-II, por lo que juegan un papel importante en la autotolerancia.

Células dendríticas foliculares

No derivan de la médula ósea, y no parece que tengan que ver con las dendríticas interdigitantes.
Están presentes en los folículos secundarios de las áreas ricas en células B de los ganglios y del bazo, así como en los folículos linfoides asociados a mucosas.
No tienen moléculas MHC-II en su superdicie, pero presentan gran cantidad de receptores para el complemento (CR1 y CR2) y para las IgG (el Fcg R). Los inmunocomplejos (complejos Ag-Ac) llegan a las áreas de células B de estos órganos linfoides secundarios, y allí quedan retenidos un cierto tiempo: se unen a los receptores para Fc de estas células, que son muy abundantes en sus "perlas" (engrosamientos esféricos espaciados regularmente a lo largo de sus prolongaciones).
Parece que estas células desempeñan un papel esencial en el desarrollo de las células B de memoria.

 Eosinófilos

Son granulocitos (es decir, PMN) presentes en sangre y tejidos, y constituyen del 1 al 3% de los leucocitos del individuo sano.
Poseen núcleo bilobulado, citoplasma con abundantes gránulos de contenido básico, por lo que se tiñen regularmente con colorantes ácidos como la eosina. Estos gránulos están rodeados de membrana, pero al microscopio electrónico muestran en su interior unos cristaloides.
Son células móviles que pueden migrar desde la sangre a los tejidos, atraídas por factores quimiotácticos (como el ECF-A)
Aunque tienen algún papel fagocítico, éste es mucho menos importante que en los neutrófilos. Su función principal es la defensa inespecífica frente a grandes parásitos, como helmintos: se unen a las larvas esquistosómulas de helmintos previamente recubiertas por IgE o IgG, y entonces se degranulan, vertiendo una toxina (proteína básica) y enzimas que controlan la respuesta inflamatoria, hidrolizando factores anafilácticos liberados por los mastocitos.

Basófilos y mastocitos

Constituyen menos del 1% de los leucocitos.
Su núcleo es bi- o multilobulado (basófilo) o redondeado (mastocito). Poseen abundantea gránulos azul-violeta, densos a los electrones.
Carecen de función fagocítica.
Parece que los mastocitos derivan de la misma rama que los basófilos, pero mientras estos últimos son circulantes, los mastocitos residen en los tejidos.
Ambos poseen abundantes receptores Fce RI
Papel central en la hipersensibilidad inmediata (llamada de tipo I, que incluye las alergias): el entrecruzamiento de alergeno con dos o más moléculas de IgE unidas a la célula provoca la rápida y total desgranulación, con lo que se liberan sustancias farmacológicamente activas, incluyendo la histamina, que es la responsable principal de los síntomas alérgicos.
A pesar de este papel "negativo", su misión natural positiva estriba en proporcionar protección frente a parásitos multicelulares.

  Plaquetas

Son células anucleadas, que derivan de los megacariocitos de la médula ósea.
Su papel no inmune consiste en colaborar en la coagulación de la sangre.
Su papel inmune se centra en los fenómenos de inflamación: cuando existe daño a las células endoteliales, las plaquetas se adhieren al tejido lesionado y se agregan, liberando sustancias que incrementan la permeabilidad, y factores que activan el complemento, con lo que logran atraer a leucocitos.

 

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